Cuando escuchamos “crear una página web”, puede parecer relativamente sencillo: elegir una plantilla, cambiar algunas imágenes, agregar información y publicar. Yo también lo pensé. Hasta que me tocó hacerlo.
Estudié SEO, SEM y Analítica Web en Tecmilenio y una de las cosas que más me dejó esta experiencia fue descubrir todo lo que sucede detrás de una página antes de que alguien dé clic, navegue por ella o realice una compra.
Mi proyecto comenzó con Cosmetología Sofi Martínez, un negocio que necesitaba mucho más que verse bonito en internet. Antes de pensar en posicionamiento o métricas tuve que entender qué ofrecía, cómo organizar sus servicios y, principalmente, cómo hacer que una persona pudiera entrar al sitio y encontrar fácilmente lo que estaba buscando.
Ahí comenzó el verdadero reto.
Trabajé desde la estructura de la página hasta la configuración de WooCommerce. Organicé categorías como faciales, depilación, masajes y tratamientos corporales; cargué productos, precios e imágenes, configuré el carrito y fui construyendo la navegación. Hubo momentos en los que algo simplemente no funcionaba o una configuración que parecía sencilla terminaba llevándome mucho más tiempo del esperado.
Y precisamente ahí estuvo gran parte del aprendizaje.
Cuando el sitio comenzó a tomar forma entendí que tener una página publicada no significa que las personas vayan a encontrarla. Fue entonces cuando conceptos como SEO y SEM dejaron de ser solamente teoría. El SEO me hizo pensar en cómo escribir, organizar y estructurar el contenido para responder a lo que una persona realmente busca. El SEM, por su parte, me permitió entender cómo una estrategia pagada puede acercar una marca a usuarios con una intención específica.
Después llegó Google Analytics y, para mí, fue como ver la página desde el otro lado.
Ya no se trataba únicamente de preguntarme si el sitio me gustaba, sino de observar qué estaba pasando realmente: cuántas personas entraban, qué páginas visitaban, desde qué dispositivo lo hacían y cómo interactuaban con el contenido. Incluso pude comprobar que la mayoría de las visitas llegaban desde dispositivos móviles, algo que reforzó la importancia de pensar la experiencia desde el celular y no solamente desde una computadora.
También configuré eventos, conversiones y audiencias para entender cómo esos datos pueden convertirse posteriormente en decisiones y estrategias de remarketing. En ese punto todo empezó a conectarse: atraer al usuario, entender su comportamiento y utilizar esa información para mejorar.
Creo que ese fue mi mayor aprendizaje.
Este proyecto tuvo errores, ajustes, configuraciones que tuve que repetir y muchas cosas que aprender sobre la marcha. Pero justamente por eso terminó siendo mucho más valioso que simplemente estudiar los conceptos.
Después de estudiar SEO, SEM y Analítica Web en Tecmilenio, entendí que el marketing digital no comienza con una herramienta ni termina con una métrica. Comienza entendiendo a quién queremos llegar y qué necesita encontrar cuando llega a nosotros.
Porque al final podemos tener una página bonita, invertir en publicidad y generar muchas visitas, pero si detrás no existe una estrategia y una experiencia pensada para el usuario, probablemente solo tendremos números.
Y ahora sé que el verdadero reto es lograr que esos números nos cuenten una historia y, sobre todo, nos ayuden a tomar mejores decisiones.

